INVIERNO. Gotas

INVIERNO. Gotas

Las gotas están. Siempre. Están en primavera, en forma de esas lluvias que hacen renacer el vergel de nuestra tierra y dan impulso a nuestras flores, plantas y cultivos. En primavera, las gotas caen acompañadas de rayos y truenos, de fugaces destellos brillantes que dejan paso al arcoiris. Son gotas de alegría, de vida y de renacimiento.

En verano llueve el sudor de nuestras frentes y las gotas se deslizan por nuestros cuerpos al salir de esos baños en pozos, ríos o piscinas. Gotas doradas por el sol que a todos nos trasladan a nuestra más tierna infancia, a un revoloteo hormonal digno de adolescentes.

En invierno las gotas nos avecinan el gélido frío, pero no sin antes deleitarnos con una melodía de colores que baña nuestros bosques caducos. Las gotas nos presentan la temporada de setas y de fogata, las reuniones entre cuatro paredes con el crujir de la lumbre de fondo. Nos acercan a los que ya no están. Y nos traen el invierno.

En temporada estival son las gotas de agua las que aguardan la belleza en sí misma, presentándonos únicamente la mejor versión de ellas. Pequeñas estrellas congeladas o líquidas que permanecen enganchadas a las ramas, creando un paraje sin igual. Nos señala que las gotas son volátiles, pero también se adaptan a nuestro entorno, perduran y perviven.