INVIERNO. Navidades

INVIERNO. Navidades

¡Mira que es bello el invierno! Igual de bello que duro. La vida del pueblo en invierno también tiene sus colores: gris, ocre, negro, blanco… Colores que acompañan muchas veces al alma. Vivir en el pueblo es de valientes y de gente generosa con su cuna. Pero  también difícil. Curte el alma y el cuerpo.

La vida en el pueblo en invierno es más oscuridad y silencio. Un silencio a veces bendecido y otras no. El tiempo se ralentiza y, en ocasiones, se ausenta… y no para bien, precisamente. Las calles se desamparan y las voces enmudecen porque no se atreven a gritarle al viento. Desde fuera, como un ojo de un dios desde lo alto, la oscuridad gana a la luz. Pero no nos engañemos: dentro, en cada casa habitada, todo sigue vivo. El invierno en Villadiego son puertas cerradas, charlas en los bares, siluetas difuminadas a través del vaho de los cristales, largas tardes de mus, cafés muy calientes… y también es reflexión, silencio en los paseos, conversaciones con el viento, oscuridad a lo lejos… pero es tan bello que muchas veces tengo ganas de llorar.