INVIERNO. El río.

Río Brullés

UNA LEYENDA EN LA CURIELA.

El otro día me contaron que vieron algo pescando en el río. Como si se tratara de una leyenda, mostré mi incredulidad, pero me acerqué con pies de plomo ya de noche al oír un extraño silbido.

Como solo tenía la luz de la luna que iluminaba clara el agua mientras se helaba, saqué mi teléfono móvil y encendí la linterna. La silueta de una extraña criatura me dejó petrificada. Era, aproximadamente, del tamaño de un gorila. Tenía unos ojos rojos brillantes y la sangre de su presa, una trucha, se le escurría entre sus grandes fauces.

Tenía un pelaje que alcancé a vislumbrar como negro y una cola anillada y larga. Cuatro patas y unas orejas en punta.

En cuanto me vio se escabulló entre la maleza, corriendo sobre sus patas traseras.

Cuando volví a casa, mi abuelo Alejandro, que siempre contaba historias, me habló de una criatura: la de la Curiela. Esa que solo ven quienes tienen una particularidad. La avanzada edad de mi abuelo no supo contarme si era buena, o mala.